Miré mi copa que se encontraba a la mitad, la tomé y agité en círculos lentamente antes de beberme el contenido por completo, estaba inmerso en mi mundo, en mis recuerdos, en lo que vi, en lo que supe, en lo que no quería saber. Suspiré. Pedí otra copa, aquel primer cóctel que me presentaste, aquel... que dijiste que querías que yo viera primero que nadie; Shirley Temple. Cómo cambian las cosas; reí para mí, me veía patético, lo sé, completamente derrotado, tan solo una sombra de lo que alguna vez fui. Rememoraba una y otra vez aquello, mi mente sabía como hacerme sufrir, de todas formas sabía que la culpa era sólo mía. Iba a volver a mortificarme cuando tocaron mi hombro, sin ganas, lo miré.
-Con que aquí estabas, te estaba buscando- observé como se sentaba a mi lado, mirándome totalmente preocupado, su semblante estaba serio, mas su mirada lo delataba.
-¿Y por qué tengo el honor de que me busques, Yabu? Que yo sepa el ensayo terminó hace bastante y mañana tenemos el día libre -respondí mirando mi copa recién servida, agradeciendo de nueva cuenta al bartender que me la había servido.
-Sabe porqué te busco, ambos lo sabemos... -lo escuché suspirar-
-No es que quiera hablar del tema, lo sabes, además no soy idiota, se veía venir... creo que me di cuenta que estaban juntos hace mucho... incluso antes de que lo dijeran...
-No entiendo como lo hiciste, aún no me creo que hayas sido el primero en felicitarlos ¿no crees que fue un poco cínico?
-¿Cínico? ¿Por qué? Yo los felicité de verdad, no encuentro razón para haber mentido, sabes que no se me da bien el hacerlo, no había razón para que lo hiciera -ahora sí lo miré, estaba triste, éramos consciente de eso y no sabes cuanto agradecí que me acompañaras en silencio, no preguntaste más, siempre sabes cómo acompañarme, mi mejor amigo.
Luego de un par de horas nos retiramos del lugar, nos separamos en el camino, cada quien a su departamento. Metí mis manos a los bolsillos mientras caminaba mirando el cielo, era una noche despejada y extrañamente se podían ver bien las estrellas. Estrellas, tú eres mi estrella. Hice una mueca que quiso aparentar una sonrisa. No, no lo eres, eras mi estrella, ahora tú brillabas para alguien más y no te culpo; mereces ser feliz con quien realmente te merece.
Llegué a mi apartamento, dirigiéndome a mi habitación con pasos cansados, tirándome en la cama a penas estuvo a mi alcance, me quedé tumbado por un buen rato, lastimeramente pensando en ti.
-Basta... -murmuré reincorporándome. Grave error.Vi nuestra foto sobre la mesa de noche, aquella que no me atreví a botar después de que terminamos y ya sin más, rompí en llanto.
Recién cayó sobre mis hombros el peso de todo, nunca más tomaríamos nuestras manos, nunca más nos abrazaríamos, nunca más estaríamos juntos, nunca más me dirías "te amo", todo eso ya no me pertenecía, tú ya no me pertenecías, tú y tu amor eran de alguien más; me quedé atrás, me quedé atrás, amándote aún, me quedé sin ti... Yuri... Y a pesar de eso hubiera preferido estar siempre en la ignorancia de vuestra relación...
Pasé mis manos por mi rostro, miré el techo, era lo mejor, verte feliz era mi prioridad y aunque aquello fuera junto a otra persona lo aceptaría, respetaría y apoyaría, porque tú, más que nadie, merece ser feliz.
-Adiós, Yuri... - fue lo último que murmuré antes de caer en brazos de Morfeo, sabía que Ryosuke haría lo que yo no hice.
Él te haría feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario